Pesquisar este blog

segunda-feira, 2 de setembro de 2013

"Na Indonésia, matamos a todos os comunistas"

El genocida Anwar Congo (centro), en un fotograma
 del documental 'The Act of Killing'.

Título original: "En Indonesia matamos a todos los comunistas"

Joshua Oppenheimer muestra en 'The Act of Killing' a los genocidas de Indonesia fanfarroneando y recreando en un rodaje las torturas y asesinatos que cometieron tras el golpe militar de 1965. Los asesinos son tratados hoy como héroes nacionales


BEGOÑA PIÑA,
Madrid 30/08/2013


Un director de cine pide a un asesino que recree para una película las torturas y crímenes que cometió en su vida real. Éste, encantado con la oferta, se dispone a ello con entusiasmo y diligencia. El resultado del experimento es una alucinación cinematográfica que adquiere proporciones épicas cuando se descubre que el criminal es uno de los líderes más sanguinarios de los escuadrones de la muerte de Indonesia, bandas de carniceros que en 1965 acabaron con la vida de un millón de personas en menos de un año. The Act of Killing, de Joshua Oppenheimer, es la consecuencia de ese espeluznante delirio de fama de los genocidas indonesios, que hoy todavía viven como héroes en su país. La película se estrena el 30 de agosto en España.

Werner Herzog, uno de los cineastas que más genialidad ha aportado al cine documental, ha demostrado públicamente su asombro ante The Act of Killing. "No he visto una película tan potente, surreal y terrorífica en al menos una década", ha dicho y, desde luego, ha dado en el clavo con los adjetivos y con el orden en que los ha mencionado. Tan pasmosa, tan demencial es la historia de esta película, que la primera reacción ante ella es de sorpresa. Una especie de estupefacción que se convierte en aturdimiento y confusión antes de transformarse en espanto y, finalmente, en algo muy parecido a la angustia física.

Los escuadrones de la muerte

Anwar Congo, uno de los cabecillas de los escuadrones de la muerte que actuaron en Indonesia tras el golpe militar contra el presidente Sukarno, es la estrella de esta película. Verdugo responsable, según sus palabras, de la tortura y asesinato con sus propias manos de más de mil personas, escenifica ante la cámara los crímenes que cometió, explica cómo perpetraba sus agresiones y se vanagloria de haberse inspirado para ello en las películas de gángsteres que estrenaban en el cine.

Werner Herzog: "No he visto una película tan potente, surreal y terrorífica en la última década".

Matón de cine, en su juventud él y sus amigos controlaban el mercado negro de entradas. El ejército les reclutó tras el golpe para los escuadrones de la muerte porque sabía que odiaban a los comunistas -principales boicoteadores de las películas de EEUU, las más rentables en los cines- y ya habían demostrado que eran capaces de cualquier acto de violencia. Hoy, casi cincuenta años después, Anwar Congo es una figura venerada en Indonesia.

Fundador de una poderosísima organización paramilitar (Juventud de Pancasila), en la que figuran públicamente ministros del Gobierno, se le trata con todos los honores. Es la imagen, el símbolo, de un país demente, que aplaude la corrupción y la violencia. Un país en el que los genocidas son invitados de lujo en los programas de televisión, donde se explayan sobre sus proyectos cinematográficos y sobre sus aterradores asesinatos reales. Un país donde una buena parte de la población sigue viviendo completamente aterrorizada y a la que da la espalda el resto del planeta.

Palabra de genocida

"Matar está prohibido, por tanto, todos los asesinos son castigados, a menos que maten en grandes cantidades y al sonido de las trompetas". Son las palabras de Voltaire con las que se abre esta película, en la que conviven las escenas del pavoroso rodaje en el que trabajan los criminales, con imágenes de ellos en otras situaciones y ante la cámara contestando a las preguntas del equipo de Oppenheimer.

- ¿Cómo exterminó a los comunistas?

- Los matamos a todos. Eso fue lo que pasó.

"No importa si acaba en la pantalla grande o en la televisión", dice Anwar Congo refiriéndose a la película que están rodando y antes de añadir: "Tenemos que demostrar que ésta es la historia, que esto es lo que somos, para que la gente en el futuro lo recuerde". Un esfuerzo tardío después de hablar ante las cámaras de este documental, pues es absolutamente imposible olvidar lo que cuentan, cómo lo cuentan y, lo peor, cómo lo celebran.

Anwar Congo baila vestido como un gangster de película después de mostrar el sitio donde llevaba a cabo las torturas. "Al principio los apaleábamos hasta la muerte, pero había muchísima sangre (...). Cuando limpiábamos, el olor era terrible. Para evitar la sangre, teníamos un sistema". Y dicho esto, unos pasos de chachachá. Estremecedor.

"Matar a gente que no quería morir"

Testimonios como éste se suceden a lo largo de toda la película y no solo procedentes del recuerdo de Anwar Congo. Un editor de prensa -"mi trabajo era hacer que el público odiase a los comunistas"-, un líder paramilitar local que hace ante las cámaras una ronda de extorsión en el mercado exigiendo dinero, el mismísimo vicepresidente del país, otro verdugo de la época, un miembro del Parlamento de Sumatra del Norte o el subsecretario de Juventud y Deporte hacen sus personales aportaciones al documental, dejando constancia de una de las cosas más sorprendentes de todas, la absoluta banalidad con que todos perciben el genocidio cometido y la perfecta impunidad que han construido a su alrededor.

Anwar Congo reconoce que torturó y mató a mil personas con sus propias manos.

"¿A cuántas personas mató?" pregunta a Anwar Congo con una sonrisa deslumbrante una presentadora de la TVRI, televisión pública de Indonesia. "A unas mil", contesta él también sonriente. Espeluznante y, al mismo tiempo, lógico. Al fin y al cabo, Anwar Congo y sus colegas torturadores están ahí haciendo publicidad, promocionando la película que han rodado describiendo sus asesinatos.

La aberración ha llegado aquí a su punto culminante. Han pasado casi dos horas desde que comenzara la película y el espectador ha asistido al grotesco espectáculo de la fanfarronería de unos asesinos de masas. En todo ese tiempo se habrá preguntado, seguramente varias veces, ¿cómo es posible vivir con ello y ni siquiera arrepentirse? La respuesta es que probablemente no es posible.

"Sé que mis pesadillas las causa lo que hice, matar a gente que no quería morir", dice en un momento del documental Anwar Congo, cada vez más afectado por el proceso de rodaje de la película y a quien la cámara de Oppenheimer graba también mientras interpreta el papel de víctima en una de sus recreaciones. Momento clave para el genocida y para The Act of Killing, éste en que el asesino se pone en lugar de sus víctimas. Es una secuencia que conduce al final de este documento. Y aquí, las turbulencias emocionales por las que ha pasado el espectador son tantas y tan profundas que ya es muy difícil decidir si ese hombre -en el que algo ahora  ha cambiado- está arrepentido o si lo que siente es asco ante la marea de sangre provocada o si es que realmente no quería entender y ahora, por fin, ha entendido lo que significa el acto de matar.

"UNA TÉCNICA  DE RODAJE PARA INTENTAR COMPRENDER"

Ganadora de múltiples premios, esta película se gestó después de tres años que el director Joshua Oppenheimer dedicó a rodar a los supervivientes de las masacres de 1965 y 1966. En ese tiempo, el equipo de la película fue amenazado, acosado y advertido para que abandonara. Sin embargo, "los asesinos estaban más que dispuestos a ayudarnos y, cuando los filmamos fanfarroneando sobre sus crímenes contra la humanidad, no encontramos ninguna oposición. Se nos abrieron todas las puertas". Y ahí, en medio de lo que Oppenheimer llamar "esa extraña situación", se inició un segundo punto de inicio de la película.

Propusieron a los gángsteres que rodaran su propia película y que se interpretaran a ellos mismos y a sus víctimas. "Los protagonistas se sentían seguros explorando sus recuerdos y sentimientos más profundos; y su humor más negro. Yo me sentía seguro desafiándolos continuamente sobre lo que hicieron, sin miedo de que me arrestaran o me golpearan".

"He desarrollado una técnica de rodaje con la que he intentado comprender por qué la extrema violencia, que muchos consideramos impensable, no solo es posible, sino que se ejerce rutinariamente. He intentado comprender el vacío ético que hace posible que los responsables del genocidio sean homenajeados en la televisión pública con vítores y sonrisas -dice el director-. Asimismo intentamos arrojar luz sobre uno de los capítulos más oscuros en la historia humana, tanto local como global; y expresar los costes reales de la ceguera, el oportunismo y la incapacidad para controlar la codicia y el ansia de poder en una sociedad mundial cada vez más unificada. Finalmente ésta no es una historia sobre Indonesia, es una historia sobre todos nosotros".

EL GOLPE MILITAR DE 1965

En 1965, el Gobierno indonesio fue derrocado por los militares. Sukarno, el primer presidente de Indonesia, fundador del movimiento no alineado y líder de la revolución nacional contra el colonialismo holandés, fue destituido y reemplazado por el general Suharto. El Partido Comunista Indonesio (PKI), que había apoyado firmemente al presidente Sukarno, que no era comunista, fue prohibido de inmediato. La víspera del golpe, el PKI era el partido comunista más grande del mundo fuera de un país comunista.

Después del golpe militar de 1965, cualquiera podía ser acusado de ser comunista: sindicalistas, granjeros sin tierras, intelectuales, la etnia china... "En menos de un año y con la ayuda directa de ciertos gobiernos occidentales, más de un millón de estos comunistas fueron asesinados", asegura el equipo de The Act of Killing.

Estados Unidos aplaudió la masacre, que se consideró "una grandiosa victoria sobre el comunismo". La revista Time informaba diciendo que era una de "las mejores noticias para Occidente desde hace años en Asia", mientras que The New York Times titulaba: "Un destello de luz en Asia".


Fonte: Público.es

Dick Cheney ganhou contratos de 39,5 bilhões de dólares com guerra do Iraque



Os interesses da guerra (Imagem retirada do blogue El Salmón)
Quem ganha com as guerras... A guerra - e todo o sangue que derrama - como um grande negócio para as corporações transnacionais. (Almoço das Horas).

Os EUA tinham no país, em muitas ocasiões, mais empresas contratadas privadas que militares


Por Marco Antonio Moreno
Original em El Blog Salmón
Tradução de Carlos Santos do Esquerda.net
01/09/2013

Dez anos depois da guerra do Iraque, uma recente análise dos custos financeiros lança luz sobre as empresas que fizeram mais dinheiro com o lucrativo negócio da guerra na prestação de serviços no Iraque, desde as operações militares à construção de infraestruturas e à alimentação das tropas. Estas empresas (todas privadas, até os soldados) receberam 138 bilhões de dólares e houve dez empresas contratadas que ficaram com 52% dos fundos, segundo este relatório do Financial Times. Muitas das ofertas foram outorgadas sem nenhuma licitação aberta às empresas, que competem ferozmente, diretamente às amizades do governo de Bush. De acordo com a Bloomberg, vários escândalos são hoje investigados como a renovação de um contrato no ano de 2010 por 568 milhões de dólares para proporcionar alojamento, alimentação, água e banho às tropas no Iraque.

A análise do Financial Times demonstra que duas empresas ganharam com o conflito bélico contratos de pelo menos 72 bilhões de dólares, e a que mais ganhos obteve foi a Kellogg Brown & Root, a filial da Halliburton dirigida pelo então vice-presidente dos Estados Unidos, Dick Cheney, com 39.500 milhões de dólares, pondo em relevo o “capitalismo de amigos” em que se corrompeu a economia atual. A nota de Anna Fifield salienta vários dados relevantes como este: “No Iraque, os Estados Unidos contrataram mais empresas privadas do que em qualquer conflito anterior e em muitas ocasiões tinham no terreno mais empresas contratadas privadas que militares”. O insólito é que todas essas despesas foram feitas sob encargo do Estado, isto é, dos contribuintes, mas os lucros foram para as grandes empresas privadas. Significativamente, a dívida pública dos Estados Unidos passou de 6 para 16 bilhões de dólares nestes dez anos, enquanto as empresas que participaram na guerra enriqueceram.

É evidente que todas as empresas justificam e defendem a sua participação “com honra e sacrifício, nesse ambiente hostil, complexo, ambíguo e imprevisível da guerra”, como assinala Marianne Gooch, porta-voz da Kellogg Brown & Root, a empresa que preparou e serviu mais de mil milhões de refeições, mobilizou mais de 25 bilhões de galões de água potável e 265 toneladas de gelo. Quando no ano de 2011 o governo dos Estados Unidos começou a fazer os cortes orçamentais, considerou excessivos e injustificados os pagamentos à KBR , mais ainda quando se tornou o único fornecedor nesse setor cheio de concorrentes. A KBR tinha, além disso, contratos para obras de engenharia e serviços de construção. A imposição da austeridade depois da crise financeira desencadeada em 2008 obrigou a rever com mais detalhe os contratos e por isso para muitas empresas a guerra terminou em dezembro de 2011, com a retirada da tropas. No entanto, ainda ficaram no Iraque mais de 14 mil empresas contratadas e 5,5 mil guardas de segurança.

Se a guerra do Iraque foi produto de uma mentira assustadora (as armas biológicas de destruição em massa de Saddam Hussein), é lógico que tudo nessa guerra seja uma mentira e que tudo esteja mergulhado na corrupção. Isso é o que investiga a Comissão bipartidária do Congresso dos Estados Unidos, que aponta o Departamento de Defesa dos tempos de Bush como o principal motor da corrupção: contratos à porta fechada e por somas estratosféricas e custos nunca estimados como o das vidas humanas, que dispararam o custo da guerra para os 3 bilhões de dólares como assinalou Joseph Stiglitz em 2008, ainda que hoje assinala que os custos da guerra de Iraque apenas começam. Isto obriga a recordar a frase de Bush de que “a guerra seria breve”, e a do seu ministro de Defesa, Paul Wolfowitz quando em março de 2003 assinalou ao Congresso dos Estados Unidos que “se trata de um país que poderá financiar rapidamente a sua reconstrução”. Dez anos depois dessas afirmações, todo o mundo concorda que essa visão foi totalmente errada.

Outro dos fatos relevantes da guerra do Iraque foi a participação da banca. A guerra do Iraque foi financiada completamente com crédito privado e foi tal o movimento de fluxos da banca europeia e norte-americana para as empresas que participavam na guerra, que os bancos (europeus e norte-americanos) deixaram de cumprir os seus compromissos com países africanos, asiáticos e outros países europeus. A banca optou por facilitar recursos financeiros às empresas da primeira economia mundial dado que tinham menor risco e maior rentabilidade. Apesar dos Estados Unidos não terem necessidade de pedir dinheiro emprestado dado que o podem imprimir diretamente e em quantidades avultadas, como tem deixado bem claro a Reserva Federal com os resgates à banca, o excesso de confiança levou a um retorcido mecanismo de financiamento que fez disparar a dívida pública de forma exponencial.

Se a guerra do Iraque foi um escândalo em termos de corrupção política, também o foi em termos financeiros dado que favoreceu de forma abusiva as empresas que apoiavam e financiavam o governo de Bush. É também uma das provas mais claras da ineficiência global dado que desde a privatização do petróleo iraquiano nos finais de 2003 o petróleo despediu-se para sempre dos 20 dólares o barril, quintuplicando e sextuplicando o seu preço numa década. É eficácia só para os quatro grandes bancos dos Estados Unidos, que com um petróleo a maior valor conseguem impulsionar a procura de dólares que é a divisa em que é transacionado o ouro negro em quase todo mundo. Isto consegue evitar transitoriamente o colapso dos Estados Unidos com a sua dívida de 16,8 bilhões de dólares.

O petróleo estatal iraquiano era o mais barato do mundo dado que o seu custo de produção chegava aos 60 cêntimos o barril em 2003. Desde a sua privatização em mãos estrangeiras o petróleo iraquiano encareceu para pagar a incursão bélica em Bagdá dos empresários amigos de Dick Cheney, o então vice-presidente dos Estados Unidos. Os invasores não tiveram qualquer pudor em destruir o patrimônio histórico e cultural de um dos berços da nossa civilização. Este fato,é também a prova mais clara de que a economia atual não é mais que um “capitalismo de amigos” onde impera a corrupção, os ganhos secretos, a evasão e o crime organizado. E enquanto esta situação perdurar no tempo, as crises locais e globais serão cada dia mais devastadoras.

Artigo de Marco Antonio Moreno, publicado em El Blog Salmón. Tradução de Carlos Santos para esquerda.net

Sem tempo para sonhar: EUA têm mais negros na prisão hoje do que escravos no século XIX

A lei nunca foi cega e surda e os apelos da burguesia são muito bem ouvidos por ela. A eugenia social se aprofunda na maior "democracia" do mundo. (Fórum Permanente da Uesb).


No dia histórico do discurso “eu tenho um sonho”, de Martin Luther King, panorama social é dramático aos afrodescendentes norte-americanos 
Segunda, 02 de Setembro de 2013

O presidente norte-americano, Barack Obama, participa nesta quarta-feira (28/08) em Washington de evento comemorativo pelo aniversário de 50 anos do emblemático discurso “Eu tenho um Sonho”, de Martin Luther King Jr. - considerado um marco da igualdade de direitos civis aos afro-americanos. Enquanto isso, entre becos e vielas dos EUA, os negros não vão ter muitos motivos para celebrar ou "sonhar com a esperança", como bradou Luther King em 1963.

Leia mais:

De acordo com sociólogos e especialistas em estudos das camadas populares na América do Norte, os índices sociais - que incluem emprego, saúde e educação - entre os afrodescendentes norte-americanos são os piores em 25 anos. Por exemplo, um homem negro que não concluiu os estudos tem mais chances de ir para prisão do que conseguir uma vaga no mercado de trabalho. Uma criança negra tem hoje menos chances de ser criada pelos seus pais que um filho de escravos no século XIX. E o dado mais assombroso: há mais negros na prisão atualmente do que escravos nos EUA em 1850, de acordo com estudo da socióloga da Universidade de Ohio, Michelle Alexander.

Há mais negros do que nunca nas penitenciárias dos EUA.
Mother Jones Twitter @bet
“Negar a cidadania aos negros norte-americanos foi a marca da construção dos EUA. Centenas de anos mais tarde, ainda não temos uma democracia igualitária. Os argumentos e racionalizações que foram pregadas em apoio da exclusão racial e da discriminação em suas várias formas mudaram e evoluíram, mas o resultado se manteve praticamente o mesmo da época da escravidão”, argumenta Alexander em seu livro The New Jim Crow.

Leia mais:

No dia em que médicos brasileiros chamaram médicos cubanos de “escravos”, a situação real, comprovada por estudos de institutos como o centro de pesquisas sociais da Universidade de Oxford e o African American Reference Sources, mostra que os EUA têm mais características que lembram uma senzala aos afrodescendentes que qualquer outro país do mundo.


Em entrevista a Opera Mundi, a professora da Universidade de Washington e autora do livro “Invisible Men: Mass Incarceration and the Myth of Black Progress”, Becky Pettit,argumenta que os progressos sociais alcançados pelos negros nas últimas décadas são muito pequenos quando comparados à sociedade norte-americana como um todo. É a “estagnação social” que acaba trazendo as comparações com a época da escravidão.

“Quando Obama assumiu a Presidência, alguns jornalistas falaram em “sociedade pós-racial” com a ascensão do primeiro presidente negro. Veja bem, eles falaram na ocasião do sucesso profissional do presidente como exemplo que existem hoje mais afrodescendentes nas universidades e em melhores condições sociais. No entanto, esqueceram de dizer que a maioria esmagadora da população carcerária dos EUA é negra. Quando se realizam pesquisas sobre o aumento do número de jovens negros em melhores condições de vida se esquece que mais que dobrou o número de presos e mortos diariamente. Esses não entram na conta dos centros de pesquisas governamentais, promovendo o “mito do progresso entre nos negros”, argumenta.

Leia mais

    Reino Unido avisou EUA antes de deter brasileiro por suspeita de terrorismo
    Jornal britânico foi obrigado a destruir documentos sobre espionagem, diz editor
    Egito apela para que EUA evitem suspensão de repasses financeiros
    Chelsea Manning: responsável por vazar documentos dos EUA revela ser mulher

Segundo Becky Pettit, não há desde o começo da década de 1990 aumento no índice de negros que conseguem concluir o ensino médio. Além disso, o padrão de vida também despencou. Além do aumento da pobreza, serviços básicos como alimentação, saúde, gasolina (utilidade considerada fundamental para os norte-americanos) e transportes público estão em preços inacessíveis para muitos negros de baixa renda. Mais de 70% dos moradores de rua são afrodescendentes.

Agência Efe. Negros na administração Obama têm índices
 sociais mais baixos que na época de George W. Bush.
Michelle Alexander, por sua vez, critica o sistema judiciário do país e a truculência que envia em massa às prisões os negros. “Em 2013, vimos o fechamento de centenas de escolas de ensino fundamental em bairros majoritariamente negros. Onde essas crianças vão estudar? É um círculo vicioso que promove a pobreza, distribui leis que criminalizam a pobreza e levam as comunidades de cor para prisão”, critica em entrevista ao jornal LA Progresive.

Fonte: Opera Mundi

domingo, 1 de setembro de 2013

Escolhas

1 de setembro de 2013

Estranha esta dita esquerda que, entre torcionários, pensa que escolher um deles é condição de progresso social. Por Passa Palavra


A esquerda e a defesa do regime sírio


À medida que se aproxima a tenebrosa perspectiva de uma intervenção militar dos EUA na Síria, cresce também o debate político sobre a situação no terreno. No que alguns convencionam denominar-se de esquerda, o apoio deveria ser dirigido para a defesa no imediato de Bashar al-Assad (veja aqui). Neste modo de ver, seria preferível defender a hipotética soberania de um povo contra a invasão externa.

Esta maneira de colocar a questão parte de premissas equivocadas.

Em primeiro lugar, o ponto de apoio para parte significativa da esquerda defender o regime sírio é unicamente o facto de ele ser antiamericano. Se o regime estivesse exatamente na mesma situação em que se encontra hoje mas se fosse anti-russo ou antichinês, os mesmos que hoje o defendem seriam os primeiros a clamar pela sua queda. Nessa situação as forças islâmicas fanáticas que se encontram na oposição já seriam politicamente aceitáveis para toda essa gente. Aliás, quando as forças armadas francesas invadiram o Mali há uns meses atrás, a mesma esquerda que hoje levanta o perigo do fundamentalismo islâmico era a mesma que, naquele caso, preferiu os integralistas e fanáticos que, entre massacres, aspiravam a destruir o patrimônio de Tombuktu. Por isso é que o principal critério para toda essa gente que se autoclassifica de esquerda é unicamente a potência imperialista que lhes interessa apoiar ou atacar.

Em segundo lugar, é preciso que a esquerda tenha atingido um enorme grau de miséria intelectual e política para avaliar cada situação política como se de um produto geoestratégico se tratasse. Nada na avaliação desta esquerda se baseia no antagonismo classista. Pelo contrário, a avaliação dessa esquerda baseia-se unicamente na defesa dos interesses políticos e geoestratégicos de uma determinada fracção das classes dominantes contra outra facção rival. É isso que explica a tolerância abjecta dessa esquerda relativamente ao regime sírio, um regime torcionário. Aqui, os assadistas portugueses replicam com a tese de que o imperialismo norte-americano também o é. Estranha esta dita esquerda que, entre torcionários, pensa que escolher um deles é condição de progresso social…

Que fazer? Escolher entre rivais capitalistas ou resgatar o espírito de Zimmerwald?

A prática desta esquerda escuda-se na falácia de que perante dois contendores, mesmo que das classes dominantes, devemos escolher um deles.
Ora, isto é falso por dois motivos fundamentais.
Por um lado, porque basta imaginarmos um mundo dominado por regimes políticos como o de Bashar al-Assad para se perceber a involução que ocorreria: um mundo capitalista ainda mais arcaico, permeado pela perseguição religiosa e política. Quem vive no Ocidente rodeado de tecnologia e escreve que o atual regime sírio é preferível só por ser antiamericano esquece que o modelo de sociedade oferecido pelo regime sírio não difere do capitalismo em que vivemos. Aliás, consegue ainda ser muitíssimo pior, mais autárquico e ainda menos tolerante.

Talvez fosse interessante que os que do Ocidente escrevem maravilhas sobre o progressismo de al-Assad tivessem vivido uns anos por aquelas bandas. Das três uma. Ou acabariam por se opor ao regime. Ou sentiriam falta do conforto urbano e moderno que dizem desprezar e regressariam a casa para continuar a mesma atividade que chamam de revolucionária. Ou tornar-se-iam quadros ou apoiantes ativos do regime sírio no terreno. Dado o irracionalismo em questão, esta última hipótese era capaz de conquistar muitos adeptos na esquerda leninista e nacionalista portuguesa.

Mas se escolher entre dois modelos opressivos já é um erro, escolher o pior deles só pode ser interpretado como a concordância da esquerda leninista e nacionalista com a aplicação desse modelo.

Por outro lado, a recusa de apoiar qualquer um dos lados não é sinônimo de imobilismo.

Se assim fosse, os próprios leninistas teriam de recusar o comportamento do seu pai fundador. Ora, perante a Primeira Guerra Mundial, a esquerda internacionalista reunida em Zimmerwald rejeitou apoiar os potentados britânico, russo e francês contra as monarquias conservadoras alemã e austro-húngara. Essa foi a atuação de cada socialdemocracia nacional, quando preferiu apoiar a classe dominante do seu país.

Apesar das enormes diferenças entre Rosa Luxemburg e Lénine, ambos defendiam, naquele contexto específico de 1914-17, a mobilização dos trabalhadores contra os governos dos seus países como a única forma de derrubar os militaristas de cada um dos lados. A sua opção política assumia, assim, uma posição de classe contra a geoestratégia nacionalista. Opção política que tinha razão de ser e que encontrou na atuação dos trabalhadores europeus de então uma crescente base espontânea de atuação contra a guerra. Ou, conforme a fórmula de Lénine que os próprios leninistas de hoje recusam, transformar a guerra imperialista numa guerra civil. Por outras palavras, transformar a guerra dos interesses geoestratégicos de rivais dentro da classe dominante numa guerra em que os trabalhadores passam de um estado de carne para canhão de um desses rivais, para um estado de mobilização internacional e solidária.

Mais tarde, Lénine operaria uma transmutação total de princípios e passaria a aplicar na relação da União Soviética com a Turquia, o Irão, com sectores fascistizantes da Alemanha de Weimar, etc. uma política idêntica à que condenou durante a Primeira Guerra Mundial. Não é esse ponto que aqui nos interessa discutir, apenas mencionar que os leninistas de hoje não mais têm qualquer contato com o internacionalismo e apenas prosseguem as piores tendências da sua corrente política: o nacionalismo e o primado geoestratégico sobre a compreensão da sociedade em termos classistas.

Regimes como o de al-Assad (ou como os de Kadhafi ou de Saddam Hussein no passado) são defendidos acerrimamente por sectores que se colocam à esquerda porque são o resquício da fusão de temas sociais veiculados pelo leninismo (nacionalizações e a intervenção estatal na economia e na vida pública) com uma mundividência orientada por princípios geoestratégicos (o antiamericanismo).

Autonomia de ação

Quase 100 anos depois, a esquerda nacionalista e leninista conta com a sedimentação do pensamento geoestratégico no seio dos trabalhadores e cremos que essa é uma das explicações para que, no plano prático e político, sejam raríssimos os que defendem uma perspectiva assente na ação autónoma da classe trabalhadora tanto contra al-Assad como contra a intervenção militar norte-americana.

Um leninista de hoje – que muito pouco difere de um quadro do regime de al-Assad – pode dizer cinicamente que a inexistência de uma base prática na classe trabalhadora síria impede a posição internacionalista. 100 anos de açambarcamento nacionalista e geoestratégico das lutas sociais dos pobres e dos trabalhadores não são mera consciência histórica. Implicam efeitos práticos terríveis e particularmente visíveis em contextos extremos.

Mas se, neste momento, ainda não se constituiu uma base prática alargada para desenvolver-se uma política internacionalista (o site http://libcom.org/ tem citado a existência de forças minoritárias com essa perspectiva de oposição simultânea a al-Assad e a sectores fundamentalistas da oposição síria), isso não significa que ela seja impossível. Quando a Primeira Guerra Mundial deflagrou em 1914 não foram poucos os trabalhadores que então defenderam a intervenção bélica mas que, passados três anos, começaram a derrubar regimes e a desencadear processos revolucionários por essa Europa fora (França, Rússia, Alemanha, Finlândia, Itália, Hungria, etc.). Quando parte importante da esquerda prefere desenvolver o apoio ao regime sanguinário de al-Assad em vez de defender uma postura de constituição da classe trabalhadora numa força autônoma quer relativamente aos títeres sírios quer aos falcões imperialistas, então já não se trata apenas do caso concreto sírio.

Como sempre, as posições sobre um acontecimento político concreto nunca se lhe circunscrevem. Elas denunciam a real substância do projeto político global de cada interveniente. Por isso não é à toa que a esquerda nacionalista e leninista portuguesa defenda a colagem dos trabalhadores ao regime de al-Assad. O seu projeto é, nas linhas gerais, o mesmo: encostar a classe trabalhadora aos interesses da ascensão de uma nova classe dominante ao poder. E que aqui, na Síria e em qualquer parte do mundo praticaria uma orientação política transversal: a autarquia econômica  o militarismo e o estatismo extensível a toda a sociedade, a perseguição e a eliminação política dos opositores.


Fonte: Passa Palavra

Documento do Wikileaks diz que Rede Globo repassava só 10% das doações do Criança Esperança para a Unesco

data de publicação: 31 agosto, 2013

Em: WikiLeaks

O primeiro documento com tal informação é datado de 15 de setembro, duas semanas antes do primeiro turno das eleições gerais, em que Luiz Inácio Lula da Silva seria reeleito.

“Há coisas mais importantes a serem discutidas e, adicionalmente, as investigações, que entram quase automaticamente na pauta das reuniões do Comitê Executivo, não revelaram nada relevante até o momento”, argumentou ao pessoal da embaixada dos EUA em Paris o embaixador brasileiro, Luiz Filipe de Macedo Soares.

O embaixador disse que a “inquisição” sobre a representação em Brasília estava gerando um clima de “ansiedade geral”, dando a entender que havia algo errado, o que não era o caso. Argumentou que levantar essa poeira arranha a imagem da Unesco no Brasil e espalha “pequenas doses de veneno” que danificam a reputação e credibilidade de instituições públicas e privadas, referindo-se ao Ministério da Educação e à TV Globo, conclui a embaixada em Paris.

A Globo é mencionada por causa do Criança Esperança, ONG para a qual emissora teria arrecadado cerca de 40 milhões de dólares desde 1986, ou seja, em 20 anos. A Unesco teria ficado com 10% desse montante, por conta de uma “taxa de serviço”.

Os telegramas não alegam irregularidade nisso. Apenas citam montantes, como este outro: “É válido notar que um terço da verba extra-orçamentária da Unesco (cerca de 124 milhões de dólares) passa pelos cofres do escritório brasileiro”.

A visita do embaixador brasileiro pode ter sido um tiro pela culatra, conclui a embaixada. “Em vez da receptividade esperada por ele, seus comentários nos deram mais moviots para questionar a posição do diretor-geral sobre a situação no Brasil”.

Um documento do início daquele ano revela que a chefia da Unesco falava em ponderação ao debater os assuntos brasilienses. Um representante do diretor-geral defendeu uma “estratégia de transição para permitir uma transferência progressiva das atividades dos projetos em questão”, a fim de “não interromper projetos de impacto nacional”.

Não se pode afirmar, no entanto, que o “tiro pela culatra” se refere especificamente a isso. Nos documentos vazados pelo Wikileaks sobre esse assunto, há um vácuo entre abril e setembro.

O que procuramos fazer aqui foi identificar os pontos mais relevantes dos telegramas e entender o que se passava. Uma coisa é certa. Os americanos em Paris estavam impressionados com os relatos sobre irregularidades em Brasília e a cúpula da Unesco estava preocupada em não criar embaraços com o governo brasileiro.

Viagens e suspeitas

O governo brasileiro, pelo jeito, jogou para ganhar. A ponto de John Parsons, diretor do que seria a corregedoria interna da Unesco, ter ameaçado abandonar seu posto tamanha a campanha de difamação promovida contra ele, segundo documento de 26 de setembro de 2006.

Outra atitude de Brasília foi vetar o nome do americano Richard Goughnour, indicado por Matsuura, para assumir o escritório na capital federal. Segundo a embaixada em Paris, foi uma medida “muito inusitada”.

Inusitados também são os números referentes a missões internacionais do escritório da Unesco em Brasília. Em menos de um ano, o escritório teria empenhado 60 milhões de dólares em 30 mil viagens – o que daria cerca de 80 por dia – e cancelado nada menos que mil viagens por mês.

A agência responsável teria sido escolhida sem licitação e pedidos de abertura de concorrência estariam sendo ignorados desde 2001, apesar de recomendações “insistentes” do auditor. Parsons aí levantou a hipótese de “lavagem de dinheiro”, segundo um telegrama.

O assunto começou a ganhar corpo com o telegrama de 26 de setembro de 2006, intitulado “Novas informações alarmantes sobre a sede da Unesco em Brasília”, que cita John Parsons, “em off”, como fonte das informações e pede que seu nome seja protegido. O nome de Parsons também aparece no documento que informa sobre a ação penal em curso. Foi ele quem entregou à Embaixada dos EUA em Paris a cópia da carta endereçada ao diretor-geral, “demonstrando mais uma vez disposição de se arriscar para trabalhar próximo a nós”.

Agora as aflições do auditor não são mais segredo e tudo que a diplomacia americana conjecturou sobre esse tema está “em on”, aqui na Pública, graças ao Wikileaks.

A representação da Unesco em Brasília disse que não se manifesta sobre documentos não oficiais e que todas as suas ações no Brasil estão amparadas na legislação. A Unesco se recusa a informar quanto recebe do governo.

Os documentos são parte de 2.500 relatórios diplomáticos referentes ao Brasil ainda inéditos, que foram analisados por 15 jornalistas independentes e estão sendo publicados nesta semana pela agência Pública.

Fonte: http://www.apublica.org

Nota da Rede Globo

Em uma nota divulgada no dia 8 de junho de 2011 para esclarecer rumores sobre possíveis benefícios fiscais que a emissora teria com a campanha, a Rede Globo informou que nenhuma doação do Criança Esperança passa pela emissora. De acordo com dados da própria emissora, já foram arrecadados mais de R$ 270 milhões até a última campanha.

Procurada pela reportagem, a emissora carioca respondeu, em nota, que “desconhece os documentos citados [do WikiLeaks]”, e informa que a parceria com a Unesco, que não traz nenhuma cláusula referente a pagamento de “taxa de serviço”, teve início apenas em 2004.

Leia a nota da Rede Globo na íntegra:

“A Globo desconhece os documentos citados. Mas esclarece que não mantém parceria com a Unesco desde 1986, ano do lançamento do projeto Criança Esperança. A parceira com a Unesco começou apenas em 2004. Neste acordo, não existe qualquer cláusula prevendo pagamento de taxa de administração. Todos os custos referentes à gestão e administração do fundo Criança Esperança, a cargo da Unesco, são integralmente pagos pela TV Globo com recursos próprios. Há 28 anos o Criança Esperança contribui para a mobilização da sociedade brasileira para a garantia dos direitos de crianças e jovens e já beneficiou mais de 4 milhões de brasileiros.”


Quando a xenofobia veste branco

Publicado em 29 de agosto de 2013     


“Se ser ‘Ceará Moleque’ é vaiar médicos estrangeiros, afasto-me por inteiro de sua valia como modo de expressão, porque isto me cheira a fascismo


Por Rosemberg Cariry

(Este texto é dedicado ao Dr. Luiz Teixeira Neto e à memória do Dr. Caetano Ximenes de Aragão, dois médicos-poetas e humanistas, que muito me ensinaram da vida e da solidariedade).

Um choque profundo, uma sensação de mal-estar, uma vontade de vomitar… Algo me atingiu em cheio, acho que não no corpo, mas no espírito. Não posso precisar o que senti naquele momento, em que vi, pela TV, o constrangimento que alguns médicos cearenses infligiram aos aqui aportados médicos estrangeiros, em franca ação de hostilidade. Esses senhores, vestidos de branco, em nome dos seus interesses corporativos e econômicos  fizeram um espécie de “corredor polonês”, por onde os médicos estrangeiros, que vieram para trabalhar pela saúde da população, nos mais distantes e miseráveis rincões do país, foram obrigados a passar, entre vaias e xingamentos. Talvez o melhor termo para traduzir o que senti seja a palavra VERGONHA. Acreditem, fui acometido de uma profunda vergonha, ao ver um ato de tamanha hostilização e incivilidade acontecer na minha terra, sob a tutela do Sindicato dos Médicos do Ceará. Pensei comigo: chegamos ao fundo do poço!

Posso compreender toda a mística que se faz em torno do “Ceará Moleque” e do sentido cultural do uso da vaia, ao longo de toda a nossa história. Porém, se ser “Ceará Moleque” é vaiar médicos estrangeiros, afasto-me por inteiro de sua valia como modo de expressão, porque isto me cheira muito mais a xenofobia e a fascismo.  Quanto ao significado deste ato, como ação política, podem os senhores sindicalistas ter a certeza de que atraíram para si o desprezo de milhões de cearenses e de brasileiros. Em todo canto deste imenso Brasil, nos últimos dias, não se comenta outra coisa, a não ser esta atitude vergonhosa.

Eu sou de um tempo em que os médicos eram conhecidos pela civilidade, pela erudição, pelo humanismo, pelo saber profundo que nascia de uma vocação, do ser e do construir-se na vida dentro de uma comunidade de destinos. A maioria destes médicos de boa cepa, pois, além de grandes profissionais, eram ainda homens que cultivavam as artes, que sabiam filosofia, que refletiam sobre a vida e o destino da humanidade, colocando a ética como um bem supremo.

Eram homens sábios, homens de tal grandeza, dos quais as comunidades se orgulhavam, chegando a nomear ruas e praças para que as futuras gerações deles se lembrassem, quando eles deixavam o nosso convívio. Quem na vida não conheceu um desses médicos, também escritores, poetas ou filósofos, com os seus ensinamento de caráter iniciático na vida e nas artes? Quem poderia imaginar um médico desta envergadura espiritual vaiando um colega estrangeiro, em um ato cheio de ódio e xenofobia? Impossível imaginar!

Mas o que acontece hoje? No Ceará, alguns médicos hostilizam, de forma escandalosa, estrangeiros com ameaças e xingamentos. É bem possível, que as universidades, sobretudo as universidade e faculdades particulares, fábricas de lucro e de técnicos destituídos de cultura e de humanismo, estejam produzindo estes “monstrinhos vestidos de branco”, analfabetos de qualquer humanismo, incapazes de ler a dimensão humana de um romance de Dostoievsky ou a metafísica de um conto de Guimarães Rosa. Falar em Darcy Ribeiro, Ariano Suassuna, Gilberto Freire, Graciliano Ramos ou Euclides da Cunha, perto deles, é falar em javanês. Pobres médicos-tecnocratas, jogados a um convívio viciado e naturalizado com a indústria farmacêutica, quantas vezes submetidos aos grandes laboratórios que, em nome do lucro e da ganância capitalista, erguem o seu reinado da morte, travestidos de tecnologias arrojadas e mascarados de patentes.

Quando vi estes jovens médicos, feito moleques incultos e incivilizados, vaiando e xingando os seus colegas estrangeiros de profissão, pensei comigo mesmo: esperem, mas não somos todos netos de estrangeiros? Não vivemos em um país que nasceu de um grande encontro de povos e culturas? Não é esta a grande característica do nosso país? Não é a generosidade e a hospitalidade o nosso maior tesouro? A cena brutal e humilhante imposta aos médicos estrangeiros, fez-me imaginar os nossos avós estrangeiros sendo vaiados, forçados a passar pela humilhação do xingamentos e do preconceito, nos corredores poloneses armados pelos “reacionários nacionalistas” da época (filhos também de estrangeiros).

Não devíamos receber estes irmãos cubanos, espanhóis, portugueses, ucranianos, venezuelanos, mexicanos e de tantos outros países, com água de coco e maracatu? Não devíamos recebê-los ao som de violas e rodas de coco? Não deveríamos aplaudir aqueles que quisessem ficar e ajudar na construção da grande nação, da mesma forma que fizeram os nossos avós, que aqui chegando, casaram-se com gente de todas as raças e nos fizeram mestiços e multiculturais? Não somos nós os herdeiros de mil e um povos e de mil uma culturas?

O que aconteceu no Ceará neste triste episódio ficará registrado nos anais da nossa história como o Dia da Vergonha, o dia em que o fascismo triunfou sobre a solidariedade e a universalidade que tem marcado, por definição cultural, o espírito do povo cearense e brasileiro.

Acredito que os médicos cearenses, humanistas e éticos, farão uma “Carta de Desagravo”, pedindo desculpas aos colegas estrangeiros que aqui chegaram. Da minha parte, como cidadão cearense, torno público que não compartilho com esta vileza e, em meu próprio nome, peço desculpas aos médicos estrangeiros hostilizados, acreditando que este pedido de desculpas é o pedido de milhões de cearenses e de brasileiros que padecem nos mais profundos sertões, praias, florestas e montanhas, sem médicos e solidariedade nenhuma por parte daqueles que deviam ter como missão o sagrado dever do amor e da solidariedade, acima da sede do lucro e da ascensão social.

Para concluir este meu simples ato de indignação, cito um fato cotidiano. Discutia o grave acontecimento com um motorista de táxi e dizia a ele que iria escrever sobre o assunto. Do alto da sua sabedoria, o motorista de táxi, aconselhou-me: “Escreva não. Um dia o senhor pode chegar em um hospital, cair nas mãos de um deles e eles podem desligar os aparelhos”. Eu que preparava-me para fazer duras acusações contra os “vândalos vestidos de branco”, terminei defendendo-os, quando de pronto respondi: “Nisto eu não posso acreditar! Sei sim, que estes médicos que hostilizaram os médicos estrangeiros, com vaias e xingamentos, agem como moleques, como xenófobos pequeno-burgueses e corporativistas, mas não acredito que as faculdades de medicina do meu país estejam também forjando potenciais assassinos”. Acreditar nisto seria descrer não apenas da medicina, mas da sua deontologia, como princípio e garantia de regulação ética das normas que regulam esta profissão, cunhada, desde os seus primórdios, para proteger e salvar a vida humana.

De qualquer forma, cito o fato, para que estes equivocados “médicos-moleques” saibam qual o conceito que terminaram por cravar no coração das pessoas, com tal espetáculo público de despreparo profissional.