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sábado, 6 de outubro de 2012

HOBSBAWM (1917 – 2012)


Osvaldo Coggiola

Que la muerte de un historiador ocupe la primera página de diarios del mundo entero no es cosa de todos los días. Marxista y vinculado al Partido Comunista inglés (o a lo que de él sobró) durante toda su vida adulta, autor de una obra monumental, política e intelectualmente activo hasta su muerte a los 95 años, profesor universitario emérito, todo esto fue señalado en las notas necrológicas que le fueron consagradas, sin hablar de la enorme cantidad de premios y galardones que obtuvo en vida, a veces concedidos por representantes de instituciones y gobiernos que, con certeza, jamás habían leído una sola de las miles de páginas que salieron de su pluma, ni tenían ninguna proximidad con la izquierda, el marxismo, o cosa remotamente parecida. Hasta gobiernos del más diverso tipo, sin embargo, emitieron notas de pesar y condolencia por su muerte.
La prensa de derecha se encargó de subrayar su fidelidad al «totalitarismo comunista», y alguna prensa de izquierda su silencio sobre el stalinismo y sus crímenes. Al referirse al asunto, Hobsbawm dijo que « para hablar del gulag hubiera debido escribir cosas difíciles de decir para un comunista sin tocar mi militancia o la sensibilidad de mis compañeros », una afirmación que no caracteriza, precisamente, a una mente brillante, o a un historiador comprometido con la verdad. El crítico inglés Terry Eagleton apuntó que, en su última tentativa de revalorizar el marxismo para comprender la era contemporánea (Como Cambiar el Mundo, una colección de viejos y nuevos ensayos publicada en 2011), Hobsbawm, como siempre, evitó confrontarse con la crítica marxista al stalinismo, o sea, con Trotsky, cuya trayectoria y obra trató brevemente, con superficialidad, en Era de los Extremos (1914-1991). A pesar de la enorme cantidad de temas que abordó en sus libros y artículos sobre la era moderna y contemporánea, la Revolución de Octubre nunca estuvo entre sus temas centrales (lo poco que dijo al respecto, por otro lado, no se caracterizó por la riqueza o la originalidad).
La obra de Hobsbawm, por otro lado, es enorme y rica. En parte inspirada por el marxismo, en parte por su propia trayectoria de vida. Eric John Ernest Hobsbawm (Obstbaum) nació en Alejandría (Egipto, entonces protectorado británico) en 1917, en una familia de origen judío, y se educó en Austria y Alemania, donde, miembro de la Sozialistischer Schülerbund, asistió al ascenso y victoria del nazismo.[1] Se mudó a Inglaterra con su familia, para huir de la persecución antisemita. Allí se incorporó al Partido Comunista en 1936 y mantuvo su afiliación mucho después que la burocracia rusa aplastó el levantamiento húngaro en 1956 (aplastamiento que Hobsbawm acogió “con el corazón pesado”) y la “Primavera de Praga” en 1968, aunque tomó distancia con las dos intervenciones, sin romper con el partido, como si lo hicieron muchos de sus colegas intelectuales comunistas (Christopher Hill o E. P. Thompson). La burocracia de la URSS premió la fidelidad de Hobsbawm no publicando jamás en ruso ninguna de sus obras (traducidas a más de cincuenta idiomas) ni siquiera un mísero artículo.
Concluyó sus estudios en Cambridge, a cuya cátedra aspiró, sin jamás conseguirla (por el boicot de la derecha académica). A partir de 1947 se tornó profesor conferencista de historia en el Birkbeck College, en Londres, donde permaneció gran parte de su vida. Fue miembro creador del Grupo de Historiadores del Partido Comunista, con Christopher Hill, Rodney Hilton, A. L. Morton, E. P. Thompson, John Saville y Raphael Samuel, entre otros, grupo que en 1952 fundó la revista Past & Present. Su primer libro, Labour’s Turning Point (de 1948) foi una colección editada de documentos del socialismo fabiano; poco después fue publicado un debate famoso del que participó sobre las consecuencias de la Revolución Industrial, al que se siguieron otro sobre la transición del feudalismo al capitalismo, y otro sobre los orígenes de la Revolución Industrial. Sobre sus colegas ingleses Hobsbawm poseía la ventaja, después decisiva, de su carácter de poliglota y su formación de base pluricultural (sus años egipcios y alemanes, con la experiencia decisiva del nazismo) que le dieron una “abertura al mundo” que sus compañeros no consiguieron (a veces, ni buscaron).
En las décadas de 1950 y 1960 se consagró a trabajos sobre la clase y el movimiento obrero, en especial en Inglaterra, durante los siglos XVIII y XIX. Muy ricos y, hasta cierto punto, metodológicamente originales, sus trabajos (artículos) de esa época fueron reunidos después en varios volúmenes de amplia difusión (Mundos del Trabajo, Trabajadores, Revolucionarios). A la vieja (y no académica) historia del movimiento obrero centrada sobre sus “instituciones” (sindicatos, partidos, líderes, episodios marcantes – huelgas e insurrecciones) Hobsbawm y otros historiadores contraponían un nuevo tipo de historia obrera y popular, inspirada en los avances de la historiografía académica, basada en la investigación de fuentes primarias de todo tipo, en la cual las condiciones materiales de vida, las prácticas cotidianas, hábitos, costumbres y cultura, ganaban su debido lugar, contribuyendo para una reconstrucción histórica mucho más precisa, no dogmática o hagiográfica (como era típico en la historiografia socialdemócrata-laborista, o peor todavía, stalinista) de la historia de la clase obrera.
El punto máximo de esa nueva historiografía, sin embargo, no fueron los trabajos de Hobsbawm, sino la magna opus de Edward Palmer Thompson, The Making of the English Working Class, publicada en 1963. La obra alcanzó difusión mundial en la década siguiente, contribuyendo, de modo involuntario (en especial en América Latina), al ser interpretada unilateralmente, a crear una historigrafía obrera despolitizada, basada en una ridícula y cretina contraposición entre “cultura” y “política”, franca y estúpidamente reaccionaria, y siempre pálida imitación (papagayada) del modelo metropolitano. Los trabajos paralelos de Hobsbawm, al contrario, se destacan por la constante preocupación política, el señalamiento del enfrentamiento (lucha) de clases en cada aspecto de la vida obrera, y sus consecuencias políticas.
Hobsbawm, por otro lado, amplió considerablemente, en la década de 1960, la investigación histórica de los orígenes y manifestaciones de la rebeldía social contemporánea, ganando entonces su obra una proyección mundial, con obras como Primitive Rebels (1959) o Bandits (1968). En Primitive Rebels realizó un relato muy original de las sociedades secretas y las culturas milenaristas del Sur de Europa, retomando la cuestión en Captain Swing, un estudio detallado de la protesta rural al início del siglo XIX en Inglaterra, en coautoria con George Rudé. En Bandidos, la síntesis incluyó al “mundo periférico”, llegando a afirmaciones casi ingenuas (o exageradas) al atribuir carácter de “rebelión social” a los briganti italianos (los mismos que Engels, en polémica con Bakunin, calificaba contemporáneamente de vulgares bandidos) o, como fue recientemente bien puntualizado por Luiz Bernardo Pericás, a los cangaceiros brasileños (que Hobsbawm llegó casi a asimilar a la rebelión de los “tenientes”). Simultáneamente Labouring Men apareció en 1964 (Worlds of Labour, otra compilación, seria publicado en 1984) y, sobre todo, su primer gran trabajo de síntesis histórica mundial, Industry and Empire, fue publicado en 1968.
Esa obra abrió el camino para el gran trabajo de síntesis de la historia contemporánea que hizo a Hobsbawm mundialmente famoso, y lectura obligatoria desde la década de 1970, los libros “La Era de la Revolución” (1789 – 1848), “La Era del Capital” (1848 – 1875), “La Era de los Imperios” (1875 – 1914) y “La Era dos Extremos” (1914 – 1991). Para el muy conservador (por no decir derechista) historiador inglés Niall Ferguson, esos libros son “el mejor punto de partida para cualquier persona que desee comenzar a estudiar la historia moderna”. ¿Como conciliar esa afirmación con el carácter supuestamente marxista de esas obras? En el obituario redactado por Martin Kettle y Dorothy Wedderburn, en The Guardian, se lee: “Si Eric Hobsbawm hubiese muerto 25 años atrás, las necrologías lo describirian como el historiador marxista británico más notable y terminarían más o menos por allí. Pero al morir ahora, a los 95 años, había alcanzado una posición única en la vida intelectual de su país. En los últimos años, era el historiador británico más respetado de cualquier tipo, reconocido (si no aprobado) tanto por la izquierda como por la derecha” (itálico nuestro).
La “cuadrilogia” de Hobsbawm es un tour de force sin paralelos en la historiografía contemporánea, marxista o no. La agenda de la obra, su periodización del capitalismo, es claramente de inspiración marxista: la victoria, estabilización, expansión mundial y, finalmente, decadencia del capitalismo, ocupando cada una un volumen. La obra, sin embargo, no es una “vulgata” marxista (de ahi, entre otras virtudes, su gran éxito), sino, como el propio Hobsbawm definió, haute vulgarisation. Hobsbawm partió de las tesis del materalismo histórico (que dominaba amplia y sofisticadamente, como lo demuestra, por ejemplo, su edición e introducción a los escritos de Marx sobre las sociedades precapitalistas) para confrontarlas e iluminarlas a la luz de todos los avances y trabajos recientes de la historiografía académica (los cuatro volúmenes son totalmente basados en fuentes secundarias), construyendo un relato sintético magistral, de una erudición sin precedentes en relación a los períodos considerados, y de magnífica fluidez lógica y literaria.
Nunca el “marxismo académico” o la síntesis histórica contemporánea alcanzaron ese nivel; los textos sintéticos de Hobsbawm se transformaron así en referencia académica obligatoria, en momentos en que las matrículas en las universidades batían records en el mundo entero, y se transformaron en manuales en los más diversos países, en facultades y hasta escuelas secundarias (e inspirando, también, otros manuales de calidad inferior, que en buena parte eran copias de los textos de Hobsbawm): nunca un historiador académico profesional había alcanzado tal grado de difusión escolar (y, con la expansión de la escuela, también de difusión popular). Hobsbawm continuó escribiendo (mucho) cabiendo mencionar, destacadamente, su coordinación de la monumental Historia del Marxismo, realizada inicialmente para la editora del PC italiano, en tiempos de su vínculo privilegiado (y esperanzoso) en el efímero “eurocomunismo”.
¿Cabe afirmar entonces, como lo hacen los compañeros de Radical Socialist, que “la debilidad de Hobsbawm fue {solo} su “lectura” sobre el siglo XX, la Revolución Rusa y el stalinismo”?[2] En realidad, para dar un brillo académico inédito al marxismo, Hobsbawm pagó también un precio, que permea toda la obra. Al tomar en cuenta la mayor cantidad de interpretaciones posibles para cada fenómeno o proceso, valorizando las virtudes de cada una, Hobsbawm cayó con frecuencia en una suerte de eclecticismo teórico, a veces rayano en el relativismo. Esto es visible inclusive en su interpretación de las revoluciones burguesas, o de la “dupla revolución” (económica y política, inglesa y francesa) que dieron origen a la era contemporánea (capitalista).
Su interpretación del imperialismo capitalista, por ejemplo, partió de la “gran depresión” económica del último cuarto del siglo XIX, que dio origen a la exportación de capitales, pero concede a ese factor tanto peso cuanto a las cuestiones de prestigio y orgullo nacional (obviamente existentes, e imprescindibles en cualquier análisis) que animaron a las potencias capitalistas en la corrida colonial. Su análisis de las causas “económicas” del imperialismo es, por otro lado, básicamente descriptiva (o sea, no secuenciada lógica y causalmente). Todo esto, y no solo su no ruptura con el stalinismo, tuvo peso en su análisis del capitalismo del siglo XX.
En La Era dos Extremos, su texto consagrado al “corto siglo XX”, las limitaciones de Hobsbawm como marxista (y también como historiador) se manifiestan más abiertamente, no solo en su análisis de la Revolución Rusa y el stalinismo. En el análisis de la Primera Guerra Mundial es concedida preeminencia causal a una diseminación de la “cultura de la violencia”, herencia del período precedente. El siglo XX no es el teatro histórico de la decadencia capitalista, sino, en consonancia con lo precedente, el siglo de las masacres y los genocidios, ejecutados industrialmente, lo que, siendo perfectamente real, aparece separado de la dinámica histórica del capitalismo. Su análisis de la crisis de 1929 y la depresión de la década de 1930 mezcla todas las interpretaciones ya realizadas, sin decidirse por ninguna (ni superando cualquiera de ellas).
Los acontecimientos de 1989-1991, que concluyeron con el fin de la URSS, y según Hobsbawm cierran el “corto siglo XX”, fueron interpretados realmente por Hobsbawm como siendo el fin del socialismo (o del comunismo) – o sea, la victoria (histórica) del capitalismo. Y se preguntó: ¿qué sobró para los vencidos? En textos poco posteriores, incluyendo un Manifiesto por la Historia (obviamente contrapuesto a las tesis del “fin de la Historia” de Fukuyama y otros plumíferos de menor valía que desfilaron durante el carnaval intelectual “neoliberal”) Hobsbawm concluyó reivindicando la tradición iluminista, y adscribiendo el marxismo (o lo que de él sobrara) a esa tradición, como una especie de “avatar radical” de ella. Ya nada había de marxismo, en sentido estricto, en todo ésto, sino una vaga simpatía moral por los combates emprendidos otrora en su nombre.
Era más que una manifestación tardia. Hobsbawm nunca abrazó el anticomunismo, pero sí se definió claramente como ex comunista, “por lealtad a una gran causa, por lealtad con todos los que por ella sacrificaron la propia vida, amigos y compañeros muertos, que sufrieron cárcel y torturas, tanto en los regimenes comunistas como en los capitalistas. ¿Me arrepiento? No. Sé perfectamente que la causa que abracé demostró que no funciona. Tal vez no hubiera debido abrazarla.  Pero, por otro lado, si los hombres no nutren el ideal de un mundo mejor, pierden algo. Me parece que la humanidad no podría funcionar sin las grandes esperanzas, sin las pasiones absolutas”. Proponer una (falsa) ilusión podría, tal vez, alimentar una actitud o revuelta individual, pero no sería, con certeza, un medio para reconstruir un movimiento histórico.
Hobsbawm, felizmente, vivió lo suficiente como para ver la explosión y el desarrollo de una nueva crisis histórica y mundial del capitalismo, en la primera década del siglo XXI, que si no lo llevó a corregir sus afirmaciones precedentes, lo llevó a proponer una nueva vigencia del marxismo, aunque de modo no claramente definido, y sin superar las limitaciones ya enunciadas: “Socialism has failed. Now capitalism is bankrupt. So what comes next?”, se preguntó. No tuvo tiempo, o fuerza, suficientes como para buscar una respuesta.
Pocas mentes del siglo XX hubieran merecido, como la suya, vivir más de cien años. Hobsbawm, mal o bien, enfrentó todos los problemas de nuestra era, dejándonos una obra sin par, que debe, sin embargo, ser criticada y superada. Por historiadores, ciertamente, por direcciones políticas y culturales a la altura de las tareas de la nueva etapa histórica, por las centenas de miles de jóvenes que lo leen en todo el mundo, por el movimiento real y consciente de crítica radical e incesante de lo real.

Vídeo mostra o formato das propagandas eleitorais


 
Por Bruno Huberman
O ultrapassado formato das campanhas eleitorais gratuitas ganharam paródias irônicas e cômicas na internet durante as eleições municipais deste ano. O blog selecionou dois vídeos que buscam desconstruir o formato dos vídeos eleitorais por meio do humor.
O vídeo expõe como é feita a edição e a narrativa dos candidatos aos cargos executivos. O vídeo do coletibo Bebê Japonês mostra passo a passo como são feitas as propagandas eleitorais.
Fonte: Br.notícias
Direção: Pepe Mendina
Roteiro: Marcos Piangers, Pepe Mendina, Eduardo Mendonça, Thiago Prade
Argumento: Marcos Piangers
Atores: Eduardo Mendonça, Thiago Prade, Marcos Piangers, Adriano Ramos, Donato Oliveira, Bruno Krieger, Douglas Dias
Direção de Fotografia: Thiago Cauduro
Produção de Elenco: Kelly Goebel
Elenco de Apoio:
Rogério Fernandes
Matheus Silveira Corrêa
Stephanie Borges
Bruno Cardoso
Adriane Guerreiro
Bruno Kauer
Eduardo Weber
Nicky Cerato
Tiago Jardim
Bruna Schuler Eltz
Kelly Goebel
Suelen Antoniazzi
Maurício Peralta
Tayse Conter
Andi Morais

Montagem: Pepe Mendina, Eduardo Mendonça, Marcos Piangers
Edição: Pepe Mendina e Lui Felippe
Audio direto: Pedro Zani
Locuções: Marcos Piangers e Eduardo Mendonça
Jingle/Composição: Marcos Piangers, Eduardo Mendonça, Pepe Mendina
Jingle/Produção e arranjo: Matheus Cauduro e Otto Gomes
Assistência de Direção: Lui Felippe
Finalização: Zé Chico
Produção: Binho Lemes, Pepe Mendina, Eduardo Mendonça, Fábrica de Conteúdo
Agradecimentos: João Xavier, Sergio Costa
Informações retiradas do Youtube

POR QUE VOTAR NESTAS ELEIÇÕES?


A pseudo democracia na política e a ditadura na economia
LABUTA
06 de Outubro de 2012

Última parte de um artigo lúcido e crítico acerca do atual processo eleitoral. Leia também as partes anteriores no Fórum Permanente da Uesb ou no Labuta)

Finalmente chegamos à quinta e última parte deste artigo sobre a nossa “adorável”democracia representativa. No final da quarta parte insinuamos que, se as nossas liberdades constitucionais são vantajosas para a grande maioria da população, elas são ainda mais vantajosa para o capital. Da pra imaginar como isso é possível?
Vamos lá. Primeiramente é preciso relembrar algumas ideias apresentadas na segunda parte deste artigo. Vimos que os indivíduos que fazem parte da sociedade possuem interesses distintos, sobretudo no que diz respeito as lutas econômicas como, por exemplo, as lutas por melhores salários. Muito bem, por que isso acontece?
Cada indivíduo que vive na sociedade cumpre uma função diferente dentro dela, por isso faz parte de uma classe social específica. Alguns destes indivíduos são responsáveis pela transformação da natureza nos bens necessários para nossa sobrevivência enquanto seres vivos. Transformam, por exemplo, algodão em tecido, e este, por sua vez, numa roupa. Sem esta atividade não seria possível a vida em sociedade. Entretanto, nas sociedades de classes, o fruto deste trabalho não fica nas mãos dos produtores, mas é apropriado por uma classe de proprietários. Neste sentido, as duas grandes classes antagônicas do capitalismo são a burguesia e os operários (industriais ou rurais). As demais classes também ficam com uma parcela da riqueza produzida pelos operários, por mais que também sejam exploradas.
O trabalhador não é totalmente livre ao ponto de escolher não trabalhar, pois isso significa a ruina de sua vida material. Graças a uma série de processos históricos, que não será possível discutir aqui, os trabalhadores foram separados da terra, de maneira que não possuem outra forma de sobrevivência a não ser vender sua força de trabalho em troca de um salário. Neste sentido, o trabalhador é constrangido a procurar por um patrão que o explore. Afinal, pior do que ser explorado é não ter ninguém para lhe explorar.
A liberdade que o trabalhador possui no capitalismo é meramente formal. Todos os indivíduos são iguais perante a lei, mas não são iguais do ponto de vista material. Enquanto uns vivem bem, outros vivem mal. Como o direito iguala todos os indivíduos do ponto de vista político, cria-se a impressão de que todas as pessoas são igualmente livres nos outros aspectos de sua vida. Neste sentido, a democracia cria uma falsa impressão de que toda a população é responsável pela direção política do país, uma vez que elegem seus representantes legais para participar da gestão do Estado.
Por mais que agente viva sob um regime político chamado de “democracia representativa”, esta democracia não se estende, por exemplo, para o ambiente de trabalho. Enquanto acreditamos viver em uma verdadeira democracia política, no dia-a-dia de nossos trabalhos vivemos uma verdadeira ditadura. Não possuímos o menor poder de decisão dentro das empresas em que trabalhamos. Os proprietários e seus gestores simplesmente decidem tudo de cima pra baixo. Decidem o que produzir, quando produzir, por que produzir e de que forma produzir. Os trabalhadores simplesmente cumprem estas ordens.
Esta realidade já está tão enraizada em nossa sociedade que até parece natural que as coisas sejam desse jeito. “É assim e ponto final”. Na sociedade capitalista, falar no fim da propriedade privada é um sacrilégio muito maior que todos os pecados cristãos juntos. É simplesmente inaceitável. Para o dono da empresa, é inconcebível pensar em dividir o controle da produção entre os seus trabalhadores. Mas será mesmo que as coisas tem que ser assim? Bem, certamente elas nem sempre foram desta forma. Foram necessários muitos séculos para que os capitalistas conseguissem conquistar este poder.
Seguindo este raciocínio, o verdadeiro poder da sociedade não está na escolha de seus representantes legais no Estado, mas no controle das riquezas socialmente produzidas. Quando a democracia cria esta aparência de liberdade, está apenas reproduzindo uma realidade alienada, que não revela sua verdadeira natureza. A intensificação das alienações apenas facilita o controle da vida social pelo capital, uma vez que oculta dos indivíduos a verdadeira origem das desigualdades sociais e a maneira de resolvê-las.
Votar em um candidato diferente nestas eleições não mudará em nada a raiz dos nossos problemas. Não é desse poder de decisão que nós precisamos. Vamos pensar um pouco a respeito. Claro que não se trata de problemas fáceis de resolver, e cada um precisa se convencer da coisa certa a fazer. Precisamos perceber que enquanto realizamos a democracia nas urnas, vivemos sob uma verdadeira ditadura no trabalho. Não decidimos nada em nossos empregos.
Chegando ao fim das reflexões que fizemos sobre a nossa democracia, como pensar numa resposta para a pergunta colocada no título deste artigo? Por que votar nestas eleições?
Sinceramente, você também compartilha de um sentimento de desesperança quando percebe que o simples ato de votar não faz muito sentido? A falta de perspectiva na política lhe causa uma sensação de que tudo está perdido? Mas será mesmo que as coisas precisam ser assim? O que realmente nos impede de mudar? Pense no que poderia ser feito se nós levássemos a democracia para nossos trabalhos, sobretudo para as atividades que produzem a riqueza material da sociedade? Todos poderiam se satisfazer, uma vez que a sociedade já produz em abundância (as crises de superprodução estão aí para comprovar isso). Poderíamos votar no que produzir, em quanto tempo produzir, como produzir e, o mais importante, o que fazer com esta produção. Fala a verdade, este voto sim valeria a pena.

quinta-feira, 4 de outubro de 2012

Camille Chalmers: Minustah não é uma forma de cooperação, senão de dominação

Tropas da Minustah invadem uma Faculdade
 de Ciências Humanas. Foto: pco.org.br

Natasha Pitts

En la mañana del martes (19), tuvo lugar en la Cumbre de los Pueblos la actividad ‘Haití: Los desafíos de la solidaridad' para dar visibilidad a la lucha del pueblo haitiano contra la ocupación de las tropas militares de la Minustah y por la reconstrucción del país, teniendo como actores principales a los haitianos y haitianas. Para hablar mejor sobre éstos y otros temas, ADITAL, en directo desde el Aterro de Flamengo, en Río de Janeiro, conversó con Camille Chalmers, de la Haitian Platforn to Advocate Alternative Development (PAPDA).

Adital – ¿De que forma la militarización afecta negativamente la vida cotidiana de la población haitiana?

Camille Chalmers – La lista de daños es muy larga. En el sector económico, la permanencia de la Minustah causó una desestabilización del mercado de alquileres de casas. Ahora los precios de los alquileres están triplicados. En Puerto Príncipe, alquilar una casa puede salir hasta cuatro o cinco veces más caro que antes de la instalación de la Minustah. También fue vulnerado el mercado de trabajo, pues están ofreciendo salarios mucho más altos que lo que normalmente se paga en Haití. Ocurrió una migración de profesionales de Haití para trabajar como personal de apoyo logístico y administrativo de la Minustah. Y esa pérdida del cuadro de profesionales afecta también a la economía.

A nivel de derechos humanos es muy grave la cuestión de violaciones de mujeres y estamos hablando de cientos, cientos de mujeres. Fue comprobado que 104 soldados de Sri Lanka estaban practicando violaciones casi todos los días durante meses y fue necesario sacarlos del país. Y eso quedó en la más completa impunidad, sin ningún proceso. Es amplia la cultura de la impunidad, que ya era un problema.

Existe también escasez de infraestructura para la formación de la juventud por la ocupación de los campus universitarios y también de las escuelas secundarias. Los militares de Brasil ocuparon un campus nuevo que estaba siendo construido. También está la cuestión de la salud, con la introducción, por parte de los soldados de la Minustah, del cólera, enfermedad que ya mató a más de 7.500 personas.

La Misión todavía no reconoció su culpa, que ya está confirmada por varios laboratorios del mundo. En este momento hay una nueva epidemia de cólera. Y nosotros queremos no sólo que ellos pidan perdón oficialmente, sino que inviertan 1.000 millones de dólares para terminar la infraestructura universal de acceso al agua potable y acceso al saneamiento para que logremos erradicar completamente el cólera. Entonces es importante que sepamos que la Minustah no es una forma de ayuda, no es una forma de colaboración humanitaria, es una forma de ocupación, que afecta directamente la vida de cada ciudadano de Haití.

Adital – Actualmente, ¿cómo están las movilizaciones por el retiro de las tropas de la Minustah?

Camille Chalmers – Hubo un alza de movilizaciones cuando la Minustah llevó el cólera, pero ahora paró un poco. Creo que en los próximos meses de julio, agosto y septiembre vamos a tener movimientos importantes para que las personas del mundo se den cuenta que la Minustah no es una forma de cooperación, sino de dominación y que está destruyendo la cultura del país. Para el 28 de julio están agendadas acciones globales por el retiro de las tropas militares del país.

Adital – ¿Cree usted que sin las tropas militares sería más fácil para la sociedad civil haitiana encaminar la reconstrucción del país?

Camille Chalmers– La presencia de los militares debilita todos los cuerpos de movilización social, inclusive por la represión que opera. Ellos imponen mucho miedo; las personas temen la muerte y temen movilizarse. Con la militarización se impidió que el pueblo haitiano fuese actor de la reconstrucción, pues ellos [Minustah] quieren que no haya reconstrucción y esto está muy claro para nosotros.

Adital – ¿Como evalúa el gobierno del actual presidente?

Camille Chalmers – El Gobierno actual es de derecha. Es un gobierno autoritario que está muy sometido a los mandos de Estados Unidos y que está abriendo cada vez más al país para la explotación. Por ejemplo, firmaron un acuerdo con República Dominicana que abre totalmente la entrada de productos de ese país a Haití. Esto impide la creación de empleos en el país. Hoy Haití no es más un país autosuficiente, sino un país que importa el 82% de sus alimentos.

Adital – ¿Un nuevo Haití aún es posible?

Camille Chalmers – Sí, creo que ahora estamos en un momento de lucha y reconstrucción política y también trabajando para crear una fuerza unitaria. Es un paso muy importante. También teniendo en cuenta la posición clara de los primeros dirigentes electos de Haití por la revolución antiesclavista, debemos hacer la revolución en conexión con las luchas internacionalistas. Y la revolución haitiana tenía una vocación clara internacionalista y, por eso, apoyamos a Bolívar. Entonces, éste es el momento de seguir luchando contra otras formas de esclavitud, la esclavitud impuesta por el capital transnacional.

Traducción: Daniel Barrantes – barrantes.daniel@gmail.com
Fonte: Adital

Ferreira Gullar, Lula e o Mensalão


Publicado ontem pela “FOLHA”, o texto magnífico de Ferreira Gullar, que, diga-se de passagem, é de esquerda, talvez seja o que melhor definiu o presidente Lula nos últimos tempos.


por FERREIRA GULLAR

“O julgamento do STF realiza-se à vista de milhões de telespectadores. Não é uma conspiração”

Gostaria de deixar claro que não tenho nada de pessoal contra o ex-presidente Lula, nem nenhum compromisso partidário, eleitoral ou ideológico com ninguém. Digo isso porque, nesta coluna, tenho emitido, com alguma frequência, opiniões críticas sobre a atuação do referido político, o que poderia levar o leitor àquela suposição.
Não resta dúvida de que tenho sérias restrições ao seu comportamento e especificamente a certas declarações que emite, sem qualquer compromisso com a verdade dos fatos. E, se o faço, é porque o tenho como um líder político importante, capaz de influir no destino do país. Noutras palavras, o que ele diz e faz, pela influência de que desfruta, importa a todos nós.
E a propósito disso é que me surpreende a facilidade com que faz afirmações que só atendem a sua conveniência, mas sem qualquer compromisso com a verdade. É certo que o faz sabendo que não enganará as pessoas bem informadas, mas sim aquelas que creem cegamente no que ele diga, seja o que for.
Exemplo disso foi a entrevista que deu a um repórter do “New York Times”, quando voltou a afirmar que o mensalão é apenas uma invenção de seus adversários políticos. E vejam bem, ele fez tal afirmação quando o Supremo Tribunal Federal já julgava os acusados nesse processo e já havia condenado vários deles. Afirmar o que afirmou em tais circunstâncias mostra o seu total descompromisso com a verdade e total desrespeito com às instituições do Estado brasileiro.
Pode alguém admitir que a mais alta corte de Justiça do país aceitaria, como procedentes, acusações que fossem meras invenções de políticos e jornalistas irresponsáveis?
E mais: os ministros do STF passaram sete anos analisando os autos desse processo, tempo mais que suficiente para avaliá-lo. Afirmar, como faz Lula, que tudo aquilo é mera invenção equivale a dizer, implicitamente, que os ministros do STF são coniventes com uma grande farsa.
Mas o descompromisso de Lula com os fatos parece não ter limites. Para levar o entrevistador do “NYT” a crer na sua versão, disse que não precisava comprar votos, pois, ao assumir a Presidência, contava com a maioria dos deputados federais.
Não contava. Os verdadeiros dados são os seguintes: o PT elegera 91 deputados; o PSB, 24,; o PL, 26, o PC do B, 12, num total de 153 deputados. Mesmo com os eleitos por partidos menores, cuja adesão negociava, não alcançava a metade mais um dos membros da Câmara Federal.
Cabe observar que ele não disse ao jornalista norte-americano que não comprou os deputados porque seria indigno fazê-lo. Disse que não os comprou porque tinha maioria, ou seja, não necessitava comprá-los. Pode-se deduzir, então, que, como na verdade necessitava, os comprou. Não há que se surpreender, Lula é isso mesmo. Sempre o foi, desde sua militância no sindicato. Para ele, não há valores: vale o que o levar ao poder ou o mantiver nele.
Sucede que, apesar do que diga, ninguém mais duvida de que houve o mensalão. Pior ainda, corre por aí que o Marcos Valério está disposto a pôr a boca no mundo e contar que o verdadeiro chefe da patranha era o Lula mesmo, como, aliás, sempre esteve evidente. E já o procurador-geral da República declarou que, se os dados se confirmarem, o processará. É nessas horas que o Lula falastrão se cala e desaparece. Às vezes, chama Dilma para defendê-lo.
Desta vez, chamou o Rui Falcão, presidente do PT, para articular o apoio dos líderes da base política do governo. Disso resultou um documento desastroso, que chega ao ponto de acusar o Supremo de perpetrar um golpe de Estado contra a democracia, equivalente aos golpes que derrubaram Vargas e João Goulart. Pode? Vargas e Goulart, como se sabe, foram depostos pela extrema direita com o apoio de militares golpistas.
O julgamento do STF realiza-se às claras, à vista de milhões de telespectadores. Não é uma conspiração. Ele desempenha as funções que a Constituição lhe atribui. E que golpe é esse contra um político que não está no poder?
O tal manifesto só causou constrangimento. O governador Eduardo Campos, de Pernambuco, deu a entender que foi forçado a assiná-lo, após rejeitar três versões dele. Enfim, mais um vexame. Só que Lula, nessas horas, não aparece. Manda alguém fazer por ele, seja um manifesto, seja um mensalão.

À beira de uma nova crise alimentar?

Alerta: mudança climática, agrocombustíveis e 
especulação financeira ameaçam elevar preços
 mundiais dos alimentos e ampliar fantasma da fome.

Por Amy Horton*
 Tradução: Antonio Martins


No início de julho, previa-se para 2012 um recorde mundial na produção de alimentos. Poucas semanas depois, os preços do milho e da soja quebraram os recordes alcançados na crise alimentar de 2007-08, quando revoltas disparadas pela fome espalharam-se por trinta países. Os preços do trigo também subiram, mais de 50% só nas últimas seis semanas.
Tudo isso coloca o mundo à beira de uma nova crise alimentar. Quando a ONU lançar seu relatório global sobre a fome, em setembro, é provável que o número de pessoas famintas no planeta – atualmente estimado em 925 milhões – tenha se ampliado.
A culpa principal foi atribuída à seca devastadora nos Estados Unidos, que devastou mais lavouras que qualquer outro fenômeno climático desde 1956. À medida que a mudança climática evolui, tais extremos estão se tornando norma.
Os biocombustíveis – que no ano passado engoliram quase 40% da colheita norte-americana de milho – também foram apontados como parte do problema. Nos EUA, estão crescendo as pressões para reduzir a adição de biocombustíveis na gasolina. Produtores de carne e leite estão advertindo que não serão capazes de pagar a ração dos animais.
Mas as análises estão esquecendo os especuladores financeiros, que ampliaram sua atuação nos mercados. Quer saber como eles veem uma crise alimentar em gestação? Na semana passada, Peter Sorrentino, um administrador norte-americano de hedge founds respondeu: “É como se uma grande torneira de dinheiro tivesse sido aberta”.
Em junho, os mercados de derivativos agrícolas foram inundados com 89 bilhões de dólares in dinheiro especulativo. O número é cortesia do Barclays Bank, o principal agente em mercados de alimentos do Reino Unido, que apontou, este ano, a especulação como “um motor-chave” para a alta dos preços.
Um texto de analistas do Instituto de Sistemas Complexos da Nova Inglaterra convida à ação. Pesquisa realizada por eles isolou os biocombustíveis e a especulação como as causas centrais da elevação dos preços de alimentos nos últimos anos. Há meses, têm alertado para a necessidade de enfrentar a ameaça.

Programas predatórios de conversão de alimentos em etanol (biocombustíveis) e especulação crescente nos mercados mundiais de commodities criaram uma bolha de preços de alimento, pressionando por um pico inevitável dos preços em 2013. Agora, parece que este “choque de colheitas” virá mais cedo devido à seca, a não ser que medidas para reduzir a produção de etanol e controlar os especuladores sejam adotadas imediatamente.
Os modelos dos pesquisadores do instituto, já validados por previsões e acertos anteriores, sugerem que os nos picos de preço, embora inicialmente causados por choques de produção e demanda, serão exacerbados pela especulação financeira, provocando um salto ainda mais grave dos preços. Os pesquisadores também sustentam que os esforços para reformar os mercados têm sido muito lentos. As tentativas de regulação têm sido contestadas por manobras jurídicas nos Estados Unidos e estão atrasadas na Europa. Por isso, medidas que poderiam refrear a especulação não foram implementadas.
A crise no horizonte destaca a vulnerabilidade de um sistema agrícola que depende cada vez mais de negociações voláteis de um punhado de cereais-chave. Enquanto os países em desenvolvimento enfrentam encruzilhadas dramáticas sobre o futuro de seus sistemas de abastecimento, os movimentos por segurança alimentar reivindicam um projeto mais voltado para a diversidade de cultivos, resilente às mudanças climáticas e controlado localmente. Passos rumo a estes objetivos poderiam incluir a construção de comércio regional e o plantio de sementes nativas, que frequentemente resistem mais a estiagens que cereais como o milho.
Mas a força política para executar muitas das medidas necessárias – inclusive a reforma do sistema global de comércio – está nas mãos dos países mais ricos. Sem uma mudança radical de nosso sistema agrícola, que inclua mecanismos de regulação para evitar que especuladores fixem os preços dos alimentos, as populações mais pobres do mundo continuarão a pagar o preço mais alto.


*Ativista e produtora de conteúdo no World Development Movement, baseado em Londres.

terça-feira, 2 de outubro de 2012

MANIFESTO PELO FIM DOS MASSACRES

por Rede 2 de Outubro

“O ser humano é descartável no Brasil/como modess usado ou bombril
Cadeia guarda o quê o sistema não quis /esconde o que a novela não diz”
Racionais MCs, “Diário de um Detento”,

Em 2 de outubro de 1992, no mínimo 111 homens presos e desarmados foram brutalmente executados por mais de 300 policiais militares fortemente armados, fato nomeado historicamente como o “Massacre do Carandiru”.
Foi o maior massacre da história das penitenciárias brasileiras, só comparável aos grandes massacres indígenas e africanos do período Escravocrata e aos massacres de grandes rebeliões populares ao longo da história do país, como Palmares e Canudos. A exemplo do que ocorreu em relação às prisões, torturas e assassinatos da Ditadura Civil-Militar brasileira (1964-1988), também em relação ao “Massacre do Carandiru”, ocorrido em pleno regime ‘democrático’, operou-se e ainda se opera uma série de medidas para negar às vítimas e à sociedade o direito à memória, à verdade e à justiça.
Passados quase 20 anos do Massacre, os responsáveis também seguem impunes. O estado de São Paulo e o próprio Estado Brasileiro insistem em não cumprir as importantes recomendações feitas pela Corte Interamericana de Direitos Humanos da OEA relacionadas ao ocorrido (http://www.cidh.oas.org/annualrep/99port/Brasil11291.htm). A questão se torna ainda mais grave quando se observa que, no lugar de desmantelar as estruturas repressivas que desencadearam o massacre e responsabilizar todos os seus executores diretos ou indiretos, a estrutura repressiva segue a cada dia mais fortalecida e muitos dos responsáveis pelo Massacre têm sido absurdamente promovidos (basta verificar quem é o atual comandante da Rota)[2].
A REDE 2 DE OUTUBRO foi composta em 2011 por um conjunto de organizações, movimentos sociais e grupos culturais que partilham a percepção de que a dinâmica social que produziu o Massacre do Carandiru ainda continua vigente e segue a fomentar massacres cotidianamente.
Desde a organização do ato político-cultural em memória dos 19 anos do Massacre do Carandiru, realizado no ano passado, a REDE 2 DE OUTUBRO tem promovido reuniões, seminários, debates e outras atividades com o objetivo de denunciar e debater as origens e o significado das terríveis condições de encarceramento, do caráter seletivo do sistema penal e prisional, do uso desmedido da violência pelo Estado com evidente corte racial e de classe, entre outras questões.
O presente manifesto é fruto dessa caminhada e expõe um pouco como a REDE 2 DE OUTUBRO pensa a tão propalada questão da “segurança pública” e como pretende pautar sua atuação daqui em diante.

OS MASSACRES DE ONTEM… OS MASSACRES DE HOJE…
O Massacre do Carandiru não é fato isolado no tempo. Sucedeu e foi sucedido por milhares de massacres contínuos que, a serviço dos processos produtivos voltados aos altos lucros de alguns poucos donos do país, moeu e exterminou milhões de brasileiras e brasileiros oriund@s das camadas mais populares.
Não apenas faz parte de uma história de 512 anos de massacres contra nossa população mais pobre, como também é símbolo da infeliz convergência de duas políticas bárbaras de Estado que ainda hoje vigoram plenamente: o extermínio e o encarceramento em massa.
Em números e fatos, não é difícil dimensionar o tamanho da barbárie cometida pelo Estado brasileiro contra as camadas populares (a quem, em tese, deveria proteger) sob o argumento falso de “combate à criminalidade e à violência”. Segundo o último “Mapa da Violência 2011 – Uma radiografia das mortes violentas de jovens no Brasil”, produzido pelo Instituto Sangari e divulgado pelo Ministério da Justiça (http://www.sangari.com/mapadaviolencia/mapa2011.html), entre 1981 e 2011 foram assassinadas mais de 1 milhão de pessoas em pleno Brasil “redemocratizado”. Destas, apenas entre 1998 e 2008, mais de 520 mil pessoas foram assassinadas por aqui! Uma média de cerca de 47.360 homicídios por ano, que segue crescendo ano após ano!
Para além de todas as atrocidades cometidas durante a Ditadura Civil-Militar, o povo brasileiro se viu acuado por centenas de massacres perpetrados em plena época dita democrática[3]: logo depois da promulgação da Constituição (Cidadã?) de 1988, pouco antes do Massacre do Carandiru, mães, pais, familiares e amig@s das vítimas sofreram com as Chacinas de Acari (1990) e a de Matupá (1991); depois do Massacre do Carandiru (1992), o sofrimento seguiu com as execuções ocorridas nas Chacinas da Candelária e de Vigário Geral (1993), do Alto da Bondade (1994), de Corumbiara (1995), de Eldorado dos Carajás (1996), de São Gonçalo e da Favela Naval (1997), de Alhandra e do Maracanã (1998), da Cavalaria e da Vila Prudente (1999), de Jacareí (2000), de Caraguatatuba (2001), da Castelinho, do Jd. Presidente Dutra e de Urso Branco (2002), do Amarelinho, Via Show e do Borel (2003), de Unaí, do Caju, da Praça da Sé e de Felisburgo (2004), a Chacina da Baixada Fluminense (2005), os Crimes de Maio (2006), do Complexo do Alemão (2007), do Morro da Providência (2008), de Canabrava (2009), a Chacina de Vitória da Conquista e os Crimes de Abril na Baixada Santista (2010), a Chacina da Praia Grande (2011), Massacre do Pinheirinho, de Saramandaia, os Crimes de Junho, Julho, Agosto e Setembro (2012)…
O sangue vertido em todas essas chacinas escorre da mesma classe social, da mesma cor, da mesma faixa etária: ao longo de 10 anos (1998 a 2008), a cada três assassinatos, dois foram de negr@s, em sua esmagadora maioria jovens pobres do sexo masculino, entre 15 e 24 anos.
Esse quadro não é diferente no sistema prisional. Aquelas e aqueles que conseguem se esquivar das miras policiais acabam, muitas vezes, trancafiados e torturados, por anos a fio, em um sistema prisional extremamente violento e degradante, cada vez mais extenso e superlotado: entre 1995 e 2011, a população prisional teve crescimento de 250% contra 25% de crescimento da população em geral, segundo dados oficiais do próprio Departamento Penitenciário Nacional (DEPEN)[4]. Em 2012, já temos mais do que 550 mil pessoas presas no Brasil. Apenas em São Paulo, nesse ano, a média é de 9.000 pessoas presas contra 6.000 que são libertas por mês, segundo dados apurados in loco, pela Pastoral Carcerária, e junto à Secretaria de Segurança Pública de São Paulo; ou seja: a cada mês, São Paulo abriga 3.000 pessoas a mais em seu sistema prisional.
As pessoas que povoam o sistema prisional brasileiro são parte do mesmo grupo social daquelas vitimadas no decorrer da longa História Brasileira dos Massacres: 80% da população prisional são acusad@s ou sentenciad@s por crimes contra o patrimônio ou por pequeno tráfico de drogas (quase metade ainda sem condenação); cerca de 55% estão presas por crime sem grave ameaça ou violência à pessoa; 52% estão presas por crimes sem violência ou grave ameaça; mais da metade tem menos do que 29 anos; 90% sequer completaram o ensino médio; 60% dessas pessoas são negras…
Igualmente massacradas são as famílias das vítimas da violência do Poder Público, sobretudo as mulheres, que acabam segurando as pontas da família quando o ente querido é executado e enfrentam todo tipo de sevícias praticadas por agentes estatais (como a ignóbil revista vexatória, por exemplo) para manter contato e fornecer o mínimo de subsídio a@ filh@ que é pres@.
O Massacre do Carandiru é extremamente emblemático, portanto, das duas principais dimensões, bem estreitas entre si, dos massacres que historicamente são perpetrados contra o nosso povo pobre, preto e periférico: a prisão degradante e o extermínio covarde.

OS MASSACRES DO COTIDIANO
No entanto, é necessário entender que há várias outras dimensões desses massacres históricos que, a despeito da menor intensidade de violência e de ocorrerem de modo menos ostensivo, também fazem parte da mesma engrenagem de moer, explorar e gastar nosso povo.
Tais dimensões estão contidas em um contexto de precarização da vida cotidiana na periferia por meio da negação de condições mínimas de sobrevivência e da repressão das tentativas populares de superar a completa ausência de políticas públicas sociais.
No universo da trabalhadora e do trabalhador, são incontáveis as agressões diárias a que se submetem na tentativa de garantir o mínimo de dignidade em suas vidas:
Das remotas periferias até o excludente centro da cidade de São Paulo, são muitas as horas despendidas diariamente em ônibus superlotados, em trens igualmente superlotados, lentos e sucateados (com panes constates), para enfim chegar ao posto de trabalho, em regra igualmente precário: aquelas e aqueles que superam o desemprego se submetem, no mais das vezes, a condições horríveis de trabalho (para se ter uma ideia, em 2011, foram quase 500 mortes em acidente de trabalho apenas em São Paulo![5]).
No fim do dia, horas e mais horas para retornar para casa… Casa que, por vezes, na verdade é um barraco precário e frágil, improvisado em algum terreno abandonado, em alguma beira de represa, em algum morro desocupado, sem qualquer possibilidade de acesso à mínima infraestrutura para garantir os serviços sanitários mais básicos[6].
No lugar de intervir para promover o acesso à moradia digna, para estruturar os espaços ocupados legitimamente, o Poder Público apenas aparece para expulsar violentamente as pessoas de seus lares, para tencionar as comunidades e para criminalizar os chamados “suspeitos” de toda sorte de suspeição. Às vezes em troca de um miserável “cheque-despejo” aos “invasores”, geralmente famílias migrantes de origem afro-indígena e norte-nordestina que já tinha sido expulsas de seus locais de origem; às vezes o troco é o porrete e a prisão desses “bandidos” de “cor padrão”…
Isso quando as favelas não são incendiadas criminosamente justamente em áreas que se pretende “revitalizar”…
Para piorar, a precariedade da moradia vem acompanhada da precariedade no serviço de saúde: não há médicos, não há hospitais, não há unidades básicas de saúde para dar conta da enorme demanda originada por esse ambiente de descaso.
Para piorar ainda mais, as escolas públicas são poucas, escassas, de péssima qualidade, com professor@s mal pag@s, desmotivad@s e adoecid@s, diretor@s mal preparad@s e nenhuma interação entre as atividades escolares e as necessidades da comunidade.
Faltam vagas nas creches (apenas na cidade de São Paulo estima-se oficialmente um déficit de ao menos 126.000 vagas de creches![7]) e falta qualidade naquelas existentes, cada vez mais terceirizadas a organizações privadas; falta acesso amplo e democrático a um ensino básico de qualidade e a políticas afirmativas que assegurem reparação na forma de acesso a universidades públicas com excelência no ensino, pesquisa e extensão.
Lazer, então, é utopia! Nada se estrutura na periferia para prover o mínimo de acesso a atividades esportivas e culturais. O que há é fruto do esforço das próprias comunidades, que pouco a pouco vão percebendo que só podem contar com a própria força. Ainda assim, as iniciativas populares vivem ameaçadas pelo Poder Público, sempre em prontidão para restringir ou proibir atividades culturais autônomas, como saraus, rodas de samba, bailes musicais, encontros artísticos etc.
Esse processo de abandono das periferias é casado com o processo de higienização das regiões centrais.
Se ficarmos apenas no ano de 2012, podemos contar diversos episódios reveladores de uma política espúria de expulsão dos mais pobres da região central da cidade: os incêndios na Favela do Moinho; a operação “dor e sofrimento” na Cracolândia; os incêndios nas favelas do Piolho, Humaitá, Paraisópolis, Vila Prudente, Alba, Corujão, Areião e tantas outras entre as mais de 50 intencionalmente incendiadas apenas em 2012; a proibição dos artistas de rua; a perseguição aos camelôs; a proibição do “sopão”; a proibição dos engraxates na Paulista; a “operação delegada”; a “operação espantalho”…
De operação em operação, vai se consolidando um violento processo de expulsão da população mais pobre que habita as ruas do centro e as regiões cuja valorização imobiliária aumenta e onde os interesses dos grandes projetos urbanos crescem os olhos em cima.
Essas mesmas pessoas hoje expulsas de suas casas, desprovidas de seus meios de sobrevivência, do acesso à mínima infraestrutura oferecida no centro, destituídas do acesso aos serviços mais básicos, amanhã estarão provavelmente ainda mais vulneráveis ao processo de criminalização da pobreza e, por consequência, serão alvos mais fáceis das miras e das algemas policiais.
O massacre se estende à falta de um acesso democrático à informação e à comunicação, deixando a maioria da população à mercê de monopólios comunicacionais de caráter sobretudo comercial e espetacular, muitos dos quais reproduzem e intensificam o massacre simbólico e contribuem para estigmatizar, criminalizar e justiçar midiaticamente os trabalhadores-alvos, ampliando preconceitos e o clamor punitivo generalizado. Ganham com isso toda a indústria do medo e do pânico, nas suas mais variadas expressões: a indústria dos condomínios fechados, a indústria das armas e da segurança particular, a indústria dos seguros de vida e de proteção patrimonial, a indústria da medicina psiquiátrica e dos antidepressivos etc. As prisões em massa e as “matanças dos suspeitos” tornam-se “verdadeiros” bodes expiatórios da expiação sem fim, são aplaudidas em coro nos diversos “programas espetaculares”, até que esta apologia da violência se volte contra os que hoje seguem aplaudindo. Dissimula-se, então, surpresa e indignação, que logo se esvai diante da próxima “caçada aos bandidos” do próximo turno.
Para dar conta do problema da segurança pública hoje é preciso desvendar, correlacionar e enfrentar essas diversas dimensões dos massacres perpetrados contra as populações periféricas. A reversão desse quadro depende, sobretudo, da luta, da união, da organização e da coragem daquelas e daqueles que sofrem cotidianamente com a violência histórica, estrutural e estruturante do Estado brasileiro.
Para continuar lendo o manifesto, clicar na fonte: Coletivodar.

segunda-feira, 1 de outubro de 2012

Morre aos 95 anos historiador marxista Eric Hobsbawm


01 de outubro de 2012 • 08h34

O influente historiador marxista Eric Hobsbawm, britânico de origem judaica, morreu nesta segunda-feira em Londres, aos 95 anos, confirmou sua família.
Hobsbawm morreu no começo da manhã no hospital Royal Free de Londres, onde era tratado de uma pneumonia, segundo a rede britânica "BBC".
Um comunicado de sua família informou hoje que Hobsbawm deixa "não só sua mulher dos últimos 50 anos, Marlene, seus três filhos, sete netos e um bisneto, mas também seus milhares de leitores e pesquisadores no mundo todo".
Entre suas obras mais destacadas, que influenciaram gerações de historiadores, estão "Era dos Extremos: o Breve Século XX: 1914 - 1991" e "Globalização, Democracia e Terrorismo".
O intelectual, que usou os princípios do marxismo para explicar o mundo atual, publicou seu último livro em 2011, sob o título "Como mudar o mundo".
Hobsbawm nasceu em Alexandria (Egito) em 1917, em uma família judia, e cresceu em Viena (Áustria) e Berlim (Alemanha) antes de se mudar para Londres, em 1933, ano em que Hitler chegou ao poder na Alemanha.
O intelectual estudou na Universidade de Cambridge e em 1947 se tornou professor na universidade londrina de Birkbeck, onde colaborou durante anos até chegar a sua presidência. EFE.
Fonte: Terra

Leia matérias sobre Eric Hobsbawm publicadas no Almoço das Horas:




A servidão moderna